viernes, 7 de enero de 2011

El almuerzo desnudo

Me leí "El almuerzo desnudo" (William Burroughs) hace más de 10 años y de este libro sólo recordaba tres cosas. Un largo prólogo en el que el autor detallaba un listado de las drogas que había probado, los efectos que le habían causado y sus percepciones sobre la adicción que cada una de ellas causaba. Las conversaciones del protagonista con su propio ano y la historia del culo que terminó por fagocitar la personalidad de su dueño. Y la sensación de que me lo había terminado más por el respeto que el autor me merecía que por las ganas de leerlo que tenía cada vez que lo veía encima de una mesa. Era la locura de una persona empapada en drogas al que en vez de darle por mirarse los cordones de los zapatos le había dado por escribir.


Ayer vi la película que David Cronenberg hizo de sobre el material de este libro. Lo que en el libro queda como la suma de un millón de pensamientos sin articular, en la película se convierte en imágenes a las que es difícil ponerle palabras. Las cosas ocurren con la lógica con la que los pensamientos de un viaje en LSD nos llevan de un lado a otro. Nunca intenta decir cuando lo ocurrido es fruto de las drogas y cuando de la "realidad". Porque tal realidad no existe para quién vive en otro sitio. Y sin embargo comprendes el protagonismo de la escritura como personaje en esa historia (las máquinas de escribir se muerden las unas a las otras). Entiendes hasta qué punto el autor no escribe, sino que piensa (¿?) a través de las teclas. ¿Qué piensa? Lo que tú ves en la pantalla. Ves el papel de un médico en la vida de un adicto a estar colocado desde la perspectiva del cuelgue, no del drogadicto libre de drogas. Ves un yonki sin especial preferencia por qué droga tomar (en este caso se drogan con polvo insecticida). Ves la paranoia. Ves alucinaciones y alucinosis.

Y entiendes que nada de esto se puede entender.
Y es entonces cuando disfrutas la película de verdad.

1 comentario:

  1. Ver por primera vez una película de David Lynch puede llegar a ser frustrante si intentas entenderla. Ver otra puede ser frustrante si tu orgullo intenta sacarle significado nuevamente y no quiere asumir que no lo conseguirá. Partiendo de esta base, en cuanto veo un elemento en una película que me da a entender que no voy a comprenderlo, me dejo llevar y la disfruto mucho más.

    Por lo que: Esta película me gustó bastante gracias a que en poco tiempo de metraje, ya te da a entender que te olvides de comprenderlo desde la lógica, lo que no quita que sea bastante desagradable en ciertos momentos. Curiosamente ví en muy poco tiempo otra película en la que trabajaba John Woods que tambien tiene este rollo de "dejame-en-paz-que-no-te-entiendo" que se llama "Videodrome"...Larga vida a la nueva carne.

    ResponderEliminar