Zihuatanejo es la playa en la que quedan en verse los protagonistas de “Cadena Perpetua” en caso de salir de la cárcel en la que se encuentran.
“Innisfree” es el pueblo irlandés en el que Sean Thornton (John Wayne, "El hombre Tranquilo"), nació y al que regresa para asentarse y pasar su últimos días. Dos sitios igual de buenos para acabar de moverse, pero uno caracterizado por la promesa de lo que será (sólo uno de los dos había estado un día allí); el otro, por la nostalgia de lo que fue.
Casi nadie que yo conozca no tiene un Innisfree o un Zihuatanejo en la cabeza como ideal para pasar su vejez o crisis de los 40. Son dos opciones que van del atractivo de lo prometedor a la seguridad de lo conocido y cuya elección suele corresponderse con una de mis clasificaciones humanas favoritas: Aquellos que van siempre mismo bar y los que cada noche prefieren conocer uno nuevo. Ya se que lo normal es un término medio, pero reconozcamos que hay querencia por el cambio o la permanencia. Sólo nos acordamos de la inercia para hablar de la acción, cuando es igualmente aplicable a la inacción. Es la tendencia a seguir como se está; quieto o en movimiento. Y somos seres inerciales. Y con la edad, cada vez más. Por lo que planear el movimiento final es importante. Conformarse y apreciar lo conocido; volver a comer lo que nos gustó; pasear cada día por los lugares que nos recuerdan la niñez (que suele ser feliz); relajarnos con un clima con el que aprendimos a no luchar. O adaptarse a lo prometedor que uno elige y ser fiel al paraíso elegido. Porque Zihuatanejo lo eliges, Innisfree, te elige a ti.
Mi padre y algunos de mis mejores amigos son Innisfree. Y su Innisfree es Llanes. Yo soy más Zihuatanejo. Pero claro, en el fondo, no soy de ningún lado.
Así que si un día desaparezco (no es el caso), buscadme en (mi) Zihuatanejo.
“Innisfree” es el pueblo irlandés en el que Sean Thornton (John Wayne, "El hombre Tranquilo"), nació y al que regresa para asentarse y pasar su últimos días. Dos sitios igual de buenos para acabar de moverse, pero uno caracterizado por la promesa de lo que será (sólo uno de los dos había estado un día allí); el otro, por la nostalgia de lo que fue.
Casi nadie que yo conozca no tiene un Innisfree o un Zihuatanejo en la cabeza como ideal para pasar su vejez o crisis de los 40. Son dos opciones que van del atractivo de lo prometedor a la seguridad de lo conocido y cuya elección suele corresponderse con una de mis clasificaciones humanas favoritas: Aquellos que van siempre mismo bar y los que cada noche prefieren conocer uno nuevo. Ya se que lo normal es un término medio, pero reconozcamos que hay querencia por el cambio o la permanencia. Sólo nos acordamos de la inercia para hablar de la acción, cuando es igualmente aplicable a la inacción. Es la tendencia a seguir como se está; quieto o en movimiento. Y somos seres inerciales. Y con la edad, cada vez más. Por lo que planear el movimiento final es importante. Conformarse y apreciar lo conocido; volver a comer lo que nos gustó; pasear cada día por los lugares que nos recuerdan la niñez (que suele ser feliz); relajarnos con un clima con el que aprendimos a no luchar. O adaptarse a lo prometedor que uno elige y ser fiel al paraíso elegido. Porque Zihuatanejo lo eliges, Innisfree, te elige a ti.
Mi padre y algunos de mis mejores amigos son Innisfree. Y su Innisfree es Llanes. Yo soy más Zihuatanejo. Pero claro, en el fondo, no soy de ningún lado.
Así que si un día desaparezco (no es el caso), buscadme en (mi) Zihuatanejo.

