
Corriente de actuación (acaso no de pensamiento) dominante que tiende a cortar con un "depende" cualquier frase, bajo la premisa de que "no se puede generalizar", a lo que usualmente añade una sonrisa.
El dependismo no entiende la generalización como manera de avanzar hacia algún tipo de conclusión. No puede soportar asertos sustentados en porcentajes o proporciones. No concibe que se hable de lo mayoritario sin olvidar las excepciones. Jamás deja pasar un "los hombres leen menos" sin gritar (al tiempo que sonríe) "depende: yo tengo un amigo que lee más que su novia". O un "Madrid es una ciudad cara" sin afirmar que ("depende",) en Vallecas hay un par de sitios baratos.
Existen pocos métodos fiables para esquivarlo. Decir al inicio de cada frase "en mi opinión", no siempre funciona, ya que hasta las opiniones externas son susceptibles de depender del momento o de qué hayamos comido antes. Y hablar de medias o medianas de poco vale mientras existan valores extremos que mencionar.